martes, 11 de enero de 2011

La Princesa y el Poder (adaptación del comic Wonder Woman de DC COMICS)


Ese mismo día, en las afueras de Themyscira.
-Heracles… ¡Nunca te vi tan angustiado! Cuanto más nos acercamos a las amazonas, más arde tu ira.
-No me lo recuerdes la maldición de Hera, Teseo, pienso solo en esa zorra Hipóli-ta…
¡Y sus insolentes alardes!... Ahí está por fin Themyscira. ¡Pronto Hipólita conocerá el dolor de la derrota! – señaló Heracles, ante la vista de la magnífica ciudad. De pronto el ruido del movimiento de una ramas puso en alerta a los guerreros.
-¡Intrusos! ¡Alto e identificaos! – exclamó una voz que venía desde la copa de un árbol.
-¿Ves, Teseo? Se esconden en los árboles, como víboras. – comentó Heracles y lue-go se dirigió a la amazona - ¡Soy Heracles de Tebas! ¡Exijo ver a tu reina!
-Hippólita conoce tu llegada, poderoso Heracles. Nuestras reina te hablará en aquél claro. – indicó la centinela.



Mientras tanto en el Palacio Real, Antíope, Aella y Menalippe, esperan ansiosas el resultado del encuentro entre Hipólita y Heracles.
-Menalippe, - dijo Antíope - ¡lo que predijiste ha sucedido! El ejército de Heracles espera fuera de nuestros muros.
-Sí, Antíope. – respondió Menalippe - ¡Temo lo peor!
-¡Yo sólo tengo ansias de venganza! – exclamó Aella, la Capitana de la Guardia Re-al – Los hombres nos han perseguido demasiado. ¡Les mataremos, como advertencia a los demás!
-No, Aella. – la reprendió Antíope - Ese no es nuestro estilo.




Heracles, por vez primera se enfrenta cara a cara con la Reina de las Amazonas. Aunque su ira y su orgullo herido lo obligan a permanecer en una actitud agresiva, la belleza de Hipólita cautiva su corazón…
-Así que… eres Hipólita. – comenta, luchando consigo mismo y con una marea de sentimientos encontrados.
-Y tú, el famoso Heracles. – Hipólita ha caído en la misma trampa letal: amor a pri-mera vista – El oráculo dice que vienes a guerrear. Serías necio, ¿por qué no te nos unes en paz? Las amazonas han deseado siempre guiar al hombre a una vida mejor…
-¡¿Guiar?! ¿Esperas que sigamos a las mujeres? ¡Heracles es tu superior, zorra!
-En fuerza bruta ningún mortal te iguala, Heracles. Pero en sabiduría y en el Arte de la Guerra, ¡yo te supero! – esa respuesta, fue otro puñal en el ego del semidiós, quien se lanzó al ataque, dejando caer su capa de piel de oso.
-¡Pruébalo!
-¡Como gustes, Heracles! – la reina amazona, en un alarde de velocidad destreza y precisión, derribó al héroe apenas tocándolo… Heracles cayó pesadamente contra un árbol - ¿Oyes la risa de mis amazonas? Te pido que acabemos esto. No deseo hacerte daño.
-¡Es a ti a quien voy a hacer daño, zorra! ¡Yo soy el Hijo de Zeus! – exclamó furioso Heracles, arrancando de cuajo el roble sobre el que había caído - ¡Su sangre y su poder, fluyen por mis venas! – continuó mientras arrojaba el árbol sobre la cabeza de la reina, quien con la velocidad de Hermes, saltó sobre el tronco.
-¡Sí, Heracles! Pero tu madre era mortal… - respondió la soberana antes de dar al semidiós un certero golpe en la nuca con el mango de su hacha - ¡Y los mortales, come-ten errores! – Heracles cae bajo el peso conjunto del árbol y la reina amazona, quien le apunta con su daga en la garganta - ¡Ríndete o muere! ¡La decisión es tuya! – y con las palabras de Hipólita, cae el silencio… como si la guerra o la paz dependieran de la res-puesta de Heracles. El héroe sin darse por vencido del todo, por primera vez se encuen-tra con la mirada azul de la Reina, cuya silueta perfecta, enmarcada por la dorada arma-dura resplandece en el atardecer y termina por cautivar al Hijo de Zeus.
-¡Ha! Por Zeus, mujer… ¡Heracles está impresionado!... ¡Hombres, atrás! ¡Las ama-zonas merecen ser nuestras aliadas! – se pone pie y a la par de la Reina, camina hacia el Palacio.



La risa: lenguaje universal que cura la discordia, madre de la unidad. Esta noche, su canto sueña bajo el encanto de la luna llena, alzándose alegre en los labios de hombres y mujeres.
La reunión es idea de Heracles, un gesto de buena voluntad hacia las mujeres que ahora llama amigas. Pero no todas las amazonas están alegres esta noche. Menalippe, la pitonisa, sigue con su mal presagio.
-(“Teseo y Antíope parecen muy felices… pero los signos predijeron un desastre pa-ra este día.”) – el pecho de la sacerdotisa continuaba oprimido.
Cada una de las amazonas estaba sentada compartiendo una copa con alguno de los soldados del ejército de Heracles. La felicidad se respiraba…
-(“¿Cómo pude equivocarme tanto?”) – la oráculo estaba desconcertada.
Mientras tanto en el campamento de Heracles, la Reina Hipólita era la invitada de honor.



-Heracles… ¡me regocijo de corazón! Sí es como deberían enfrentarse hombres y mujeres… no con espadas, sino con amor, risas e igualdad. ¡Nunca debí escuchar a Me-nalippe!
-Los oráculos solo ven lo posible, los mortales crean su propio destino… y cuando contemplo tu belleza, hermosa Hipólita, ¡siento que mi destino es estar siempre a tu lado!
-Heracles, yo…
-Calla, mi Reina, bebe conmigo. ¡Por la unión del hombre y la mujer! – pero algo en su voz sonaba a trampa - ¡Bebe! – Hipólita bebió… y todo en su cabeza comenzó a girar. La copa cayó de sus manos con un ruido metálico - ¡¿Qué mi incomparable Hipólita, no ten gusta mi poción?! Permite que el galante Heracles te alivie… ¡de tu dolor! - despia-dado y egocéntrico, el semidiós le asestó un tremendo golpe en la cara.
La inconsciencia es como una mar de alquitrán que Hipólita debe atravesar y más allá de esa oscuridad, oye los afligidos llantos de sus hermanas amazonas. Gritan mien-tras los hombres de Heracles luchan contra ellas… ¡Gritan mientras sus casas son in-cendiadas y sus cuerpos violados y su orgullo vejado! Y alzándose sobre el caos y la brutalidad, hay otro sonido… el frío y distante sonido de la risa de ARES…

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