martes, 11 de enero de 2011

La Princesa y el Poder (adaptación del comic Wonder Woman de DC COMICS)

Al alba, en el coliseo, miles de amazonas se congregaron, tanto para competir, como para alentar a sus hermanas.

-¡Nuestro heraldos dieron la noticia, mi Reina! – exclamó Philippus – Nuestras doscientas mejores guerreras se han reunido, para aceptar el reto de los dioses! Pero, ¿por qué les has ordenado venir enmascaradas?

-Durante tres mil años, estas amazonas han vivido como hermanas. Ahora competirán encarnizadamente. Así, ninguna amazona vacilará ante una amiga… o confundirá a su contrincante.

Las amazonas saludan. Los juegos empiezan. Durante todo el día, participan en concursos de habilidad y estrategia. Todas comprenden la seriedad de este torneo. ¡Y todas combaten demostrando sus tres mil años de experiencia! Pero una destaca más que las otras. Tiene mayor agudeza visual, mayor velocidad en sus pies, y su fuerza es incomparable.

Al final, esta amazona supera a todas, y sus hermanas la aclaman. Solemnemente la Reina Hippólita se dispone a proclamarla como ganadora del Torneo.

-Hermana, eres la campeona. Ahora, si les place a los dioses, pasarás la última prueba: la del Relámpago. Te premio con estos brazaletes de plata, por ellos te reconocerán como la más noble de todas nosotras. – una de las amazonas dispuestas como escoltas en el campo de juego, le entregó las joyas, sobre un almohadón de terciopelo rojo – Ahora déjanos ver tu rostro, para que todas nos alegremos. – lentamente, la guerrera, se quitó el yelmo y la máscara. Las exclamaciones de asombro e incredulidad fueron obvias: ante los ojos de miles de amazonas, apareció el juvenil rostro de la Princesa Diana.

-Lo siento, madre, pero Artemisa me habló al pie de su estatua. ¡Sé que hago lo correcto!

-¡¡¿Diana?!! ¡NO! ¡Lo prohíbo! – gritó la reina a punto de saltar del palco, teniendo que ser contenida por sus hermanas.

-¡No, mi reina! ¡NO debes! La princesa ganó justamente. ¡NO puedes luchar contra la voluntad de los dioses! – exclamó Menalippe, mientras Philippus, sostenía a la soberana con ambos brazos.

Esa noche, en el Templo de Hades.

-Este lugar… me asusta… - murmuró Diana - ¿Por qué hemos venido aquí?

-Princesa, – respondió Menalippe - si eres la campeona que desean los dioses, es aquí donde tienes que enfrentarte al Relámpago. De todas las amazonas que lo han visto, sólo nosotras sobrevivimos. Porque el relámpago es un terrible secreto de nuestro pasado. Su gran poder puede destruir con un solo estallido. Sabiéndolo, ¿deseas enfrentarte a él?

- No tengo miedo, Menalippe.

-¡Adelante, Philippus! ¿Estás lista?

-Sí, Oráculo. Aunque no hemos visto esta abominación desde la tragedia, creo que recuerdo cómo hacerlo. – respondió la capitana de la Guardia tomando el arma en su mano derecha – Apunto así… y aprieto… Princesa, prepárate, ¡porque no fallaré!

-¡¡¡¡Diana, no!!!!

-Madre… te quiero… ¡Que los dioses te protejan siempre!... ¡Philippus! ¡Estoy lista! – los tres disparos resonaron implacables… la heredera al trono del Paraíso, detuvo las balas con sus brazaletes - ¡¡Gran Gea!! ¡Por los dioses, ¿qué es esa cosa?!¡¿De dónde proviene?!

-¡No es momento para cuentos de terror, hija mía! ¡Estás viva, eso es lo que importa!

-Pero madre, yo…

-Calla, sé que los dioses están contigo… ¡como yo!

-El plan de las diosas está claro, Diana. – interrumpió Menalippe – naciste en este mundo para ser la más honrada entre nosotras. ¡Desde ahora, tu vestido de guerrera proclamará ese honor! Mira el símbolo con el que tejeremos tus ropas… - señaló la sacerdotisa hacia una cámara mortuoria cerrada por una puerta de mármol en la que se veía un círculo plateado con cuatro estrellas del mismo color marcando los puntos cardinales y una gran estrella azul central, todo eso rematado en su parte inferior por una «W» en rojo y dorado – el símbolo de la guerrera por la que llevas tu nombre, la que murió para que las amazonas vivieran. – dicho esto, las damas de honor se dispusieron a vestirla.

Pocos minutos después la potente voz de la reina se oyó en todo el coliseo.

-¡Amazonas! Escuchad a vuestra reina: el sol de Apolo ilumina este glorioso día. Os he reunido aquí, para que seáis testigos de otro nacimiento, la campeona ha sido elegida, ¡los dioses están satisfechos!

Hay un momento de silencio, entonces Diana alza sus brazaletes y sonríe. Una gran aclamación se eleva a los cielos de la garganta de las amazonas. Y en una montaña llamada Olimpo, cinco diosas se regocijan. Sólo Hippólita no sonríe. Porque piensa en Ares, y en las palabras que ella dijo unos días antes… «¿Cómo podrá la mejor triunfar donde los dioses no pueden?» La reina se cubre con su manto, tiembla bajo el sol de Apolo.

La Princesa y el Poder (adaptación del comic Wonder Woman de DC COMICS)

Pasan los siglos en la isla Paraíso, la nación de las amazonas recupera su sentido y disciplina, porque aunque conocen la inmortalidad, aunque nunca envejecen ni tienen hambre, aún hay algunas que mueren en batalla. Porque el diabólico secreto de la isla, no es fácil de contener, y la carga de las amazonas es realmente pesada.
Afuera, el mundo del hombre cambia. Grandes civilizaciones nacen y mueren. Pero las amazonas no saben nada. Oyen solo las voces de los viejos dioses, cada vez más distantes, como si el Olimpo estuviera siendo engullido por las nubes. Hasta que de to-das las que hablaban con los dioses, sólo Menalippe puede lograrlo. Y una noche deci-siva, duran te el 30 centenario de la Isla Paraíso, el oráculo de las amazonas hace lo que la reina le pide.
-¡¡Menalippe!! ¿Qué dicen los signos de esa sensación dentro de mí? ¿Qué es esa extraña ternura que siento, que me ha turbado estos últimos meses?
-¡Tranquila, Hippólita! – la apaciguó la sacerdotisa – Sientes la llamada del destino. Sabes que las amazonas somos reencarnaciones. Todas conocimos la vida, antes de que nos arrancaran de la matriz de Gea. Pero solo tú, Mi reina, estabas embarazada al morir. Ahora oyes la llamada de tu hija no nacida.
-Esa ternura entonces… ¿es por mi hija?
-¡Sí! Y si quieres tenerla, ruégale a Artemisa. Ve a la playa al amanecer y arrodíllate, forma una imagen con barro; tu corazón se acelerará, pero tranquilízate, y dale forma con cuidado. Abre entonces tu alma a Artemisa, ¡que la diosa del Olimpo entre en ti! ¡Y deja que guíe tu espíritu al vientre de Gea!

En el Vientre de Gea, los dioses se disponen a trabajar.
-¡DIOSES DEL OLIMPO! ¡ES LA HORA! – exclamó Artemisa – HA DE PARTIR LA ÚLTIMA ALMA.
-YO, DEMÉTER, LE CONCEDO PODER Y VIGOR, COMO EL DE LA TIERRA MISMA.
-YO, AFRODITA, LE DOY HERMOSURA Y UN CORAZÓN TIERNO.
-YO, ATENEA, LE CONCEDO SABIDURÍA.
-YO, ARTEMISA, LE DARÉ VISTA DE CAZADOR Y COMUNICACIÓN CON LAS BESTIAS.
-YO, HESTIA, LE CONCEDO QUE PUEDA ABRIR LOS CORAZONES DE LOS HOMBRES.
-YO, HERMES, LE DOY VELOCIDAD Y EL PODER DE VOLAR… Y TAM-BIÉN SERÁ BENDECIDA CON EL GRAN DON DE GEA… ¡LA VIDA!... ¡HIPPÓ-LITA LA HONRARÁ CON EL NOMBRE DE UNA GUERRERA GRANDE Y SAN-TA! SE LLAMARÁ, ¡DIANA!

¡Diana! Su nombre suena en los labios de todas las amazonas. Es la única niña que han tocado en 30 siglos, y su inocencia provoca el amor de Afrodita en ellas. La prince-sita recibe el cuidado de miles de madres y las enseñanzas de las mejores profesoras: le leen su historia, ¡podrá ser una de ellas en cuerpo y alma!
Y cuanto más crece, más sobresale. El corazón de Hippólita resplandece: Diana se hace más hermosa día a día. Y le da gracias a los dioses en sus oraciones por el más preciado regalo: esta niña… esta mujer… ¡esta Princesa del Paraíso!
Pero en el paraíso, puede aparecer un día una serpiente…
-¡Ayyyyy! – el grito desesperado de Menalippe, alerta a la guardia Real.
-¡Por los Dioses, Philippus! ¡Ese grito! – exclamó una de las soldados.
-¡Venía de la cámara del Oráculo! – respondió la Capitana, mientras corría por los pasillos, hasta encontrar a la sacerdotisa, desmayada junto a la bola de cristal - ¡Mena-lippe! ¿Qué pasa?
-¡Los dioses!... – consigue murmurar la oráculo - ¡Gritan desde el Olimpo! ¡Hay pe-ligro!... La reina, Philippus… ¡Llama a la reina!

Las pisadas resuenan en el palacio. Entonces Menalippe cuenta que los dioses gritan aterrorizados… Ares ha enloquecido y su fuerza multiplicada por mil, es atraída por algún terrible poder hacia el mundo del hombre.
-Ese «poder» Menalippe… ¿Cuál es su naturaleza? – preguntó la reina.
-No lo sé, mi reina. Pero con él, Ares puede consumir la tierra entera, y ni el paraíso se salvará.
-¿Y los dioses? ¿No pueden detener a Ares?
-No. No sé por qué… pero me han ordenado elegir una campeona… la mejor de no-sotras. Será seleccionada mediante un torneo y la Prueba del Relámpago. Sólo ella po-drá salvarnos y luchar con Ares en el mundo del hombre.
-Si los dioses lo quieren, se hará. Proclamadlo en todo el paraíso, ¡habrá un torneo mañana, y allí nacerá una campeona! – ordenó la reina, sin saber que desde su cercana alcoba, la joven princesa Diana, había oído absolutamente todo – (“Sí, una campeona… pero, ¿cómo podrá la mejor triunfar donde los dioses no pueden?”) – pensaba Hippólita, cuando Diana la sacó de sus cavilaciones.
-Madre… yo… Perdóname, te he oído, con tu permiso, deseo ser incluida en el tor-neo. – la reacción de la Reina, fue lógica.
-¡No, Diana! ¡Sólo eres una niña!
-¡Soy una amazona, madre! ¡Llevo los brazaletes, como las demás!
-No quiero perderte, hija… la respuesta es, ¡no!
-Pero…
-¡Silencio! ¡Soy tu reina, tanto como tu madre! ¡Ya he hablado!
Diana, en medio de la noche, se retiró del salón del trono y se dirigió a la estatua de Artemisa.
-(“¡Es injusto!”) – pensó – (“¿He nacido sólo para ser mimada como un eterno bebé? ¿No soy una amazona? ¿No soy una mujer?”) – de repente, se vio hablando sola en voz alta - ¡Oh, dioses del Olimpo! Aunque amo Isla Paraíso, le pido algo más a la vida… ¡le pido un propósito! – como era de esperar, la oración de la princesa obtuvo inmediata respuesta.
-¡SÍ, DIANA! Y LO TENDRÁS. HA LLEGADO EL MOMENTO….

La Princesa y el Poder (adaptación del comic Wonder Woman de DC COMICS)

El horror grita en la cabeza de Hippólita. Sus ojos se han llenado de visiones blas-femas, de hermanas que asesinan sin compasión, de una hermana que mata, ¡con un brillo de placer en los ojos!
Cuando todo al fin todo acaba, y los gritos del enemigo han sido silenciados, los gri-tos de victoria de las amazonas azotan a Hippólita como un viento frío y cruel.
-¡Bien hecho, hermanas! ¡Ahora persigamos a Heracles! – exclamó Antíope - Sa-queemos su hogar, y reclamemos tu cinturón, ¡luego rebanaremos su garganta de oreja a oreja!
-No, Antíope, no más venganza, ¡nunca más! – la reprendió Hippólita – Atenea me ha hablado. Nos espera en las orillas del océano.
-¡¡¿Atenea?!! ¿Dónde estaba cuando Heracles asesinó a la mitad de mis hermanas? ¿Cuándo los hombres nos despreciaban, nos perseguían, nos cazaban? ¡Renuncia a Ate-nea, hermana! ¡Venga a tus amazonas muertas!
-Ese es el estilo de Ares, Antíope. – interrumpió Menalippe - ¡NO ganaremos gloria alguna adorándole!
-¡Eres tan ingenua, Menalippe! ¡Ares no es nuestro enemigo! Necesitamos al dios de la guerra para sobrevivir… Hippólita, aquí tienes mi cinturón, ¡desde hoy no quiero nada del Olimpo!
-¡No, Antíope! ¡Por favor, ven con nosotras!
-NO puedo. ¡Que los Hados te protejan, Hippólita! ¡Siempre te querré! – besando a su hermana en la mejilla, Antíope se despidió. Ella y sus seguidoras desaparecieron a caballo en la oscuridad…
Luego para las que se quedaron junto a Hippólita vino el momento de iniciar el lar-go camino hacia el Egeo, a cuyas orillas, las diosas las aguardaban.
-HIJAS MÍAS… - saludó Atenea con tristeza en la voz – NOS HABÉIS FALLADO, HABÉIS OLVIDADO LA FUENTE DE VUESTRO PODER… ¡LA CONFIANZA PUESTA EN VOSOTRAS! POR ESTE FRACASO, SUFRIRÉIS PENITENCIA. UNA EN LA QUE HABRÁ UN NUEVO HONOR, UNA NUEVA RESPONSABILIDAD. OS ENVIAREMOS A UNA ISLA EN LA QUE HABITA UNA INDESCRIPTIBLE MALDAD.
-¡SERÉIS LAS CARCELERAS DE ESA MALDAD POR TODA LA ETERNI-DAD! – continuó Artemisa – MIENTRAS PERMANEZCÁIS ALLÍ Y NO DEJÉIS VUESTRA MISIÓN, SERÉIS INMORTALES Y VUESTRAS ALMAS SE PURIFI-CARÁN. Y LLEVAREIS SIEMPRE LOS BRAZALETES DE VUESTRA ANTIGUA SERVIDUMBRE, COMO RECORDATORIO.
-Diosa… - se atrevió a preguntar Hippólita - ¿Dónde está esa isla?
-DONDE EL HOMBRE NO PUEDE DESCUBRIRLA. PARECERÁ UN PARAÍ-SO Y ESO SERÁ. SI GUARDAÍS BIEN SU DIABÓLICO SECRETO, ¡Y NO PISA SU SUELO NINGÚN HOMBRE MORTAL!
-¡ATENDED AHORA! – ordenó Deméter - ¡POSEIDÓN OS GUIARÁ A VUES-TRO HOGAR! - ante los asombrados rostros de las amazonas, el hermano de Zeus, dividió el mar en dos, dejando una senda de tierra firme - ¡TE AGRADECEMOS TU AYUDA, DIOS DE LOS MARES!
-ARES MATÓ A MI HIJO, DEMÉTER. ¡QUERÍA AYUDAROS! ADEMÁS, LOS ORÁCULOS ME REVELAN QUE SOBRE UNA DE TUS AMAZONAS DESCANSA NO SÓLO EL FUTURO DE LOS DIOSES, ¡SINO EL DE TODA LA HUMANIDAD!

Los días traen fatiga, las noches son frías, y a cada paso las seguidoras de Hippólita temen que el túnel de Poseidón se destruya, y se les venga encima como un alud. Pero a lo largo de los tres meses de viaje, el sendero de agua resiste, y cuando llegan a la isla del Paraíso, cada amazona recibe el don de la inmortalidad, sus cuerpos rejuvenecen, y ellas se aplican al trabajo en cuerpo y alma: construyendo, talando, proyectando, perpe-tuando sus artes y tradiciones, erigiendo palacios de Justicia, esculpiendo imágenes para la gloria de los dioses.

La Princesa y el Poder (adaptación del comic Wonder Woman de DC COMICS)



En el interior de uno de las calabozos de Tebas, Heracles se burlaba cruelmente de Hippólita.
-¡Veo que empiezas a recuperar la conciencia, mi reina! – la abofeteó - ¡Bien!... ¡Qué estúpida has sido! ¿Creíste de veras que sería tu aliado? ¡Ninguna mujer escapa del abrazo de Heracles, ¡aunque haya de ser drogada y encadenada!! ¡Ahora te hice una mujer de verdad! – exclamó arrebatándole el cinturón de Gea - ¡Tomo tu cinturón como premio, y símbolo de mi conquista! ¡Cómo me gustaría hacerte más daño, verte rogar y suplicar! ¡Pero la ira de Euristeo me guía! Marcho a Troya esta noche. ¡Adiós, reina amazona! Ha sido muy… ¡divertido! – Heracles cerró la puerta tras de sí, abandonando a Hipólita, golpeada, encadenada y humillada.

-¡Oh, Diosas del Olimpo! – rogó de rodillas - ¡Os lo suplico, ¡perdonadme!! ¡Os he fallado! – las lágrimas y las plegarias, en el acto son tenidas en cuenta: una sobrenatural luz de color dorado invade la celda y Atenea, acude al llamado de su hija.
-NO, HIJA…TE HAS TRAICIONADO A TI MISMA… MÍRATE, HIPPÓLITA… CONTEMPLA TU RAZA: LAS AMAZONAS SOÑABAN CON GUIAR A LA HUMANIDAD. PERO ELEGISTEIS APARTAROS DE ELLA, IGNORAR LA FI-NALIDAD PARA LA QUE FUISTEIS CREADAS Y OS AMARGÁSTEIS Y CO-RROMPÍSTEIS. ¿HABÉIS OLVIDADO LA FUENTE DE VUESTRO PODER? ¿HABÉIS OLVIDADO EL EJEMPLO QUE TENÍAIS QUE DAR?
-¡Por favor Atenea, libérame! – insistió Hipólita - ¡Deseo vengarme de ese Heracles!
-LA VENGANZA NO ES LA RESPUESTA, HIJA. ES HORA DE QUE PURIFI-QUÉIS LAS ALMAS, DE QUE VOLVÁIS A DEDICAROS A LA MISIÓN DE GEA. ¡SÓLO ENTONCES, SERÉIS LIBRES!... MIRA MI CARA, HIPPÓLITA. VE EN ELLA LA VERDAD DE LO QUE TE DIGO… Y CUANDO TE DEJE, ¡BÁÑATE EN LA LUZ DE LA SABIDURÍA. – con un nuevo y enceguecedor resplandor, Atenea abandonó el lugar. En ese mismo instante el soldado que vigilaba los calabozos, se asus-tó al ver la luz en la celda de la reina amazona. Inmediatamente ingresó a ver lo que sucedía.


-¡Tu! ¡Amazona! ¡Qué truco blasfemo estás!... – se interrumpió bruscamente ante la visión de la silueta perfecta de la reina, apenas cubierta por las gruesas cadenas que la ataban a la pared - ¡Por los dioses! – suspiró.
-Saludos, hermano… - dijo ella, en su tono más encantador – Esto es lo que deseas, ¿no? – los ojos del soldado centellearon – Pues lo tendrás. Pero no como imaginas – con un mínimo esfuerzo, Hippólita arrancó el pesado grillete y lo arrojó sobre la cabeza del guardia - ¡Tu raza nunca esclavizará a la mía! – la reina sin pérdida de tiempo, salió de su cautiverio y fue en busca de sus hermanas. De repente, Hippólita está en todas partes, sorprendiendo a sus captores, liberando a sus hermanas, ¡llamándolas a las armas! Pero con esa llamada, susurra cautela – Amazonas, recordad la fuente de vuestro poder, ¡re-cordad a Gea! – pero no escuchan a su reina… porque sus almas hierven de rabia, sus armas, como fauces de perros enloquecidos, se clavan en sus enemigos, y el suelo se cubre de sangre. La batalla está fuera de control.

La Princesa y el Poder (adaptación del comic Wonder Woman de DC COMICS)


Ese mismo día, en las afueras de Themyscira.
-Heracles… ¡Nunca te vi tan angustiado! Cuanto más nos acercamos a las amazonas, más arde tu ira.
-No me lo recuerdes la maldición de Hera, Teseo, pienso solo en esa zorra Hipóli-ta…
¡Y sus insolentes alardes!... Ahí está por fin Themyscira. ¡Pronto Hipólita conocerá el dolor de la derrota! – señaló Heracles, ante la vista de la magnífica ciudad. De pronto el ruido del movimiento de una ramas puso en alerta a los guerreros.
-¡Intrusos! ¡Alto e identificaos! – exclamó una voz que venía desde la copa de un árbol.
-¿Ves, Teseo? Se esconden en los árboles, como víboras. – comentó Heracles y lue-go se dirigió a la amazona - ¡Soy Heracles de Tebas! ¡Exijo ver a tu reina!
-Hippólita conoce tu llegada, poderoso Heracles. Nuestras reina te hablará en aquél claro. – indicó la centinela.



Mientras tanto en el Palacio Real, Antíope, Aella y Menalippe, esperan ansiosas el resultado del encuentro entre Hipólita y Heracles.
-Menalippe, - dijo Antíope - ¡lo que predijiste ha sucedido! El ejército de Heracles espera fuera de nuestros muros.
-Sí, Antíope. – respondió Menalippe - ¡Temo lo peor!
-¡Yo sólo tengo ansias de venganza! – exclamó Aella, la Capitana de la Guardia Re-al – Los hombres nos han perseguido demasiado. ¡Les mataremos, como advertencia a los demás!
-No, Aella. – la reprendió Antíope - Ese no es nuestro estilo.




Heracles, por vez primera se enfrenta cara a cara con la Reina de las Amazonas. Aunque su ira y su orgullo herido lo obligan a permanecer en una actitud agresiva, la belleza de Hipólita cautiva su corazón…
-Así que… eres Hipólita. – comenta, luchando consigo mismo y con una marea de sentimientos encontrados.
-Y tú, el famoso Heracles. – Hipólita ha caído en la misma trampa letal: amor a pri-mera vista – El oráculo dice que vienes a guerrear. Serías necio, ¿por qué no te nos unes en paz? Las amazonas han deseado siempre guiar al hombre a una vida mejor…
-¡¿Guiar?! ¿Esperas que sigamos a las mujeres? ¡Heracles es tu superior, zorra!
-En fuerza bruta ningún mortal te iguala, Heracles. Pero en sabiduría y en el Arte de la Guerra, ¡yo te supero! – esa respuesta, fue otro puñal en el ego del semidiós, quien se lanzó al ataque, dejando caer su capa de piel de oso.
-¡Pruébalo!
-¡Como gustes, Heracles! – la reina amazona, en un alarde de velocidad destreza y precisión, derribó al héroe apenas tocándolo… Heracles cayó pesadamente contra un árbol - ¿Oyes la risa de mis amazonas? Te pido que acabemos esto. No deseo hacerte daño.
-¡Es a ti a quien voy a hacer daño, zorra! ¡Yo soy el Hijo de Zeus! – exclamó furioso Heracles, arrancando de cuajo el roble sobre el que había caído - ¡Su sangre y su poder, fluyen por mis venas! – continuó mientras arrojaba el árbol sobre la cabeza de la reina, quien con la velocidad de Hermes, saltó sobre el tronco.
-¡Sí, Heracles! Pero tu madre era mortal… - respondió la soberana antes de dar al semidiós un certero golpe en la nuca con el mango de su hacha - ¡Y los mortales, come-ten errores! – Heracles cae bajo el peso conjunto del árbol y la reina amazona, quien le apunta con su daga en la garganta - ¡Ríndete o muere! ¡La decisión es tuya! – y con las palabras de Hipólita, cae el silencio… como si la guerra o la paz dependieran de la res-puesta de Heracles. El héroe sin darse por vencido del todo, por primera vez se encuen-tra con la mirada azul de la Reina, cuya silueta perfecta, enmarcada por la dorada arma-dura resplandece en el atardecer y termina por cautivar al Hijo de Zeus.
-¡Ha! Por Zeus, mujer… ¡Heracles está impresionado!... ¡Hombres, atrás! ¡Las ama-zonas merecen ser nuestras aliadas! – se pone pie y a la par de la Reina, camina hacia el Palacio.



La risa: lenguaje universal que cura la discordia, madre de la unidad. Esta noche, su canto sueña bajo el encanto de la luna llena, alzándose alegre en los labios de hombres y mujeres.
La reunión es idea de Heracles, un gesto de buena voluntad hacia las mujeres que ahora llama amigas. Pero no todas las amazonas están alegres esta noche. Menalippe, la pitonisa, sigue con su mal presagio.
-(“Teseo y Antíope parecen muy felices… pero los signos predijeron un desastre pa-ra este día.”) – el pecho de la sacerdotisa continuaba oprimido.
Cada una de las amazonas estaba sentada compartiendo una copa con alguno de los soldados del ejército de Heracles. La felicidad se respiraba…
-(“¿Cómo pude equivocarme tanto?”) – la oráculo estaba desconcertada.
Mientras tanto en el campamento de Heracles, la Reina Hipólita era la invitada de honor.



-Heracles… ¡me regocijo de corazón! Sí es como deberían enfrentarse hombres y mujeres… no con espadas, sino con amor, risas e igualdad. ¡Nunca debí escuchar a Me-nalippe!
-Los oráculos solo ven lo posible, los mortales crean su propio destino… y cuando contemplo tu belleza, hermosa Hipólita, ¡siento que mi destino es estar siempre a tu lado!
-Heracles, yo…
-Calla, mi Reina, bebe conmigo. ¡Por la unión del hombre y la mujer! – pero algo en su voz sonaba a trampa - ¡Bebe! – Hipólita bebió… y todo en su cabeza comenzó a girar. La copa cayó de sus manos con un ruido metálico - ¡¿Qué mi incomparable Hipólita, no ten gusta mi poción?! Permite que el galante Heracles te alivie… ¡de tu dolor! - despia-dado y egocéntrico, el semidiós le asestó un tremendo golpe en la cara.
La inconsciencia es como una mar de alquitrán que Hipólita debe atravesar y más allá de esa oscuridad, oye los afligidos llantos de sus hermanas amazonas. Gritan mien-tras los hombres de Heracles luchan contra ellas… ¡Gritan mientras sus casas son in-cendiadas y sus cuerpos violados y su orgullo vejado! Y alzándose sobre el caos y la brutalidad, hay otro sonido… el frío y distante sonido de la risa de ARES…

La Princesa y el Poder (adaptación del comic Wonder Woman de DC COMICS)




El eco de las palabras de Artemisa desaparece… y los vientos del tiempo hacen pa-sar los años. Y sobre ese viento cabalgan las voces de los poetas: ¡Escuchad! De sus bocas brotan cuentos maravillosos… historias de una ciudad gobernada únicamente por mujeres… de un lugar donde reinan la compasión y la justicia, un lugar que los poetas llaman Themyscira. El poder y la gloria de las Amazonas pronto es conocido por toda Grecia.
Pero a los reyes no les gusta esa popularidad ni tampoco ese poder, a menos que sea suyo. Los gobernantes de Grecia tienen celos de las Amazonas. Los poetas son secues-trados, sobornados y amenazados.
Ahora se narran las atrocidades de las Amazonas: asesinatos, guerras y robos. Las diosas lloran desde las alturas del Olimpo. Porque han proscrito a sus hijas, la humani-dad las considera diferentes, extrañas e incluso inhumanas. La humanidad no entiende a las Amazonas y lo que el hombre no entiende, ¡lo teme!

-Mi querido Heracles, ¿has de partir tan pronto? No suelo tener tratos con un semi-diós cada día… - suspira una Amazona, apenas cubierto su cuerpo desnudo por una cas-cada de pelo castaño.
-Mi diversión contigo no ha sido más que un pequeño respiro de las tareas que Eu-risteo me ha encargado. He de partir. Estaré contento cuando haya terminado mis traba-jos. Hera me ha infundido una locura que me quema el alma… y no se va a enfriar hasta que haya cumplido la voluntad de Euristeo. – respondió Heracles, ya comenzando a vestirse.
-Vuelve al lecho, mi héroe. Euristeo puede esperar… y la Reina de las Amazonas, no te llamará «el Perro amaestrado de Euristeo» - esas palabras, maliciosamente escogi-das, provocan la ira del hijo de Zeus.
-¡Heracles no es la mascota de nadie!
-¡Ooh! ¡Mirad como ladra y gruñe! Hippólita tenía razón… ¡estarías muy guapo con una cadena!
-¡He dicho que calles! – estalló el semidiós y sacudió a la mujer con violencia - ¡Ninguna mujer, ni hombre puede decir eso de Heracles!
-Tranquilo, amor. ¡Contente!... yo solo repito lo que he oído, lo que todos han oído de los labios de la Reina Amazona…
-Heracles, tus legiones están preparadas. – interrumpió Teseo, ingresando a la habi-tación.
-Entonces vamos, Teseo. – respondió Heracles – Ya no deseo complacer a las muje-res… ¡sólo conquistarlas! – los dos hombres se marchan, dejando a la amazona en sole-dad, riendo de manera enfermiza, mientras una voz tenebrosa y potente resuena en sus oídos.
-¡EXCELENTE, QUERIDA, EXCELENTE! ¡TUS MENTIRAS HAN PROVO-CADO SU ODIO! ¿NO ES IRÓNICO? ¡CASI RIDÍCULO! ÉL ARDE POR LA RA-BIA DE HERA… Y TU ALMA ARDE CONSUMIDA POR MI PODER… YA HAS CUMPLIDO TU DEBER… - mientras la voz hablaba, el cuerpo de la mujer sucumbía en una asombrosa e impresionante combustión espontánea – ARES ESTÁ COMPLA-CIDO. – en su refugio, el dios de la Guerra continúa con sus planes - ¡ESTÚPIDAS DIOSAS! ¿CREÍAN QUE SUS AMAZONAS PODRÍAN DETENERME? ¡HERA-CLES DIEZMARÁ SUS FILAS, Y ENTONCES NADA SE INTERPONDRÁ ENTRE EL DIOS DE LA GUERRA Y EL PODER ABSOLUTO! SÓLO NECESITO ESPE-RAR. AQUÍ, EN LA COLINA LLAMADA AREÓPAGO, NADIE - NI ZEUS – PUE-DE TOCARME. Y PUEDO CONTEMPLAR CÓMO CRECE EL DESEO DE LA GUERRA Y LA SANGRE. ¡ÓYEME ARTEMISA! ¡TUS AMAZONAS NO UNIRÁN A LOS HOMBRES CON LOS DIOSES! ¡EL HOMBRE ANSÍA LA GUERRA! ¡Y CON CADA GOTA DE SANGRE, EL HOMBRE ME FORTALECE! ¡ME RINDE CULTO! PRONTO OLVIDARÁ A LOS DEMÁS DIOSES… ¡Y ARES SERÁ SU-PREMO!

La Princesa y el Poder (adaptación del comic Wonder Woman de DC COMICS)


Monte Olimpo. 1.200 A. C.
Hay una ardorosa discusión en el hogar de los dioses, por lo que Hermes puede oír al llegar, se trata nuevamente de Ares, enfrentando a su padres y hermanas.
-¡Oh, Zeus, Rey de dioses! ¡No escuches a estas locas balbuceantes! Es cierto que el hombre debe ser guiado, pero si los dioses desean asegurar su poder en la tierra, escucha a tu hijo Ares… ¡Dios de la Guerra! Mi media hermana Artemisa ha propuesto crear una nueva raza de mortales en la tierra… ¡una raza que hará que los hombres nos adoren como nunca antes! ¡Señor, este plan es absurdo! Si el Olimpo desea realmente poseer los corazones de los hombres, el poder es nuestra única opción. Deja que Ares descien-da sobres esos débiles mortales, y con mis perros de guerra, ¡los doblegaré en sumisión eterna!
-No, Ares. – Artemisa refutó los argumentos de su medio hermano - La violencia hará que los hombres nos teman, no que nos sigan. Nuestro propósito con esta nueva raza es darles ejemplo… mostrarles el verdadero lugar del hombre y la mujer, ¡como Gea quiso que fuera!
-¡La fuerza es lo que entienden! ¡La fuerza es lo que adoran! ¡Y yo soy la fuerza en-carnada! – insistió Ares.
-Zeus… el odio de Ares nos destruirá a todos. Si el hombre muere – intervino Ate-nea - , ¿no pereceremos nosotros también?
-Es verdad lo que dice mi hermana, Padre Zeus. – confirmó Apolo – Los hombres adoran a los dioses… y eso nos hace más fuertes. Sin su fe, ¡no seríamos nada en el mundo del hombre!
Zeus, padre de los dioses, había estado atento a la discusión entre sus hijos, aun du-bitativo, formuló una respuesta:
-Así, Apolo… ¡estás de acuerdo con Artemisa! ¿También quieres que la nueva raza sea de hembras?
-¿Importa de veras su sexo, Zeus? – protestó Artemisa - ¡Serían mujeres como nun-ca viera el hombre! ¡Fuertes, valerosas, compasivas! Serían la gloria del Olimpo…
-¡No, Señor! – interrumpió Ares - ¡Serán la vergüenza del Olimpo!
-¿Qué temes, Ares? – respondió Atenea - ¿Que el Olimpo sea representado en la tie-rra por mujeres? ¿O que estas nuevas mortales sean capaces de resistirse a tu influencia?
-¡Ningún mortal se resiste a Ares, Atenea! ¡Mi victoria final sobre los hombres es inevitable!
-Incluso en la profecía, nada es inevitable, Ares. – afirmó Apolo – La humanidad es-tá bendecida… y condenada… a poder elegir. – harto de la disputa y restando importan-cia al asunto, Zeus volvió a tomar la palabra:
-¡Basta! ¡Habláis como si el hombre fuera a olvidar algún día a los dioses! ¡Y eso no sucederá! ¡Importa poco además, que esa nueva raza nazca o no! Tratad ese insignifi-cante asunto entre vosotros, ¡y no volváis a molestar a Zeus! – fastidiado, el más grande de los dioses abandonó la escena en medio de una descarga eléctrica. Las diosas, por el momento, se han quedado sin el apoyo de Zeus, pero aún tienen la chance de consultar a su esposa Hera, para torcer su voluntad.
-Hera… ¿hablarás con Zeus? Queremos tener su bendición en esta empresa… y él te escucha. – rogó Artemisa.
-Mi marido es orgulloso… tus palabras han provocado una tormenta en su interior. Mi consejo es: ¡Camina con cuidado en este torbellino! ¡Y no le pidas a tu reina, que tome parte contra su señor cuando está irritado! – respondió Hera antes de marcharse.
-¿Has visto? – se burló Ares - ¡Te da la espalda, como Zeus! Después de todo, Ar-temisa, ¡tu nueva raza no importará! El hombre moldea al mundo como un imperio… nacido de la muerte y la destrucción… ¡De la Guerra! ¡El corazón del hombre pertene-cerá finalmente a Ares! ¡Incluso Zeus se inclinará ante mi poder! – con una risotada cruel y estruendosa, Ares desapareció, dejando a los demás dioses disgustados y pre-ocupados.
Hermes por primera vez en el día se deja ver.
-¡Las palabras de Ares son blasfemas, Atenea! – exclamó Artemisa.
-Sí Artemisa, ¡las amenazas de Ares complican aún más las cosas! – respondió Ate-nea y luego se dirigió a Hermes, el mensajero de los dioses – Hermes, aunque Zeus nos de la espalda, ¡nosotros no podemos dársela a él!
-¿Actuaremos entonces sin la bendición de nuestro Señor? – Preguntó Hermes al-zando su Caduceo.
-Sí, Hermes. Ahora, como dijimos, transpórtanos al rincón más oscuro de la tierra, allí, en el Hades, en una orilla tan maldita que ningún inmortal se ha atrevido a pisar, ¡nos esperan! – el mensajero de los dioses, envolvió a sus hermanos en la luz de su bá-culo y se los llevó.
-¡Artemisa, Atenea! ¿Tenéis noticias? – preguntó Deméter con ansiedad.
-Sí, Deméter… Pero no son las que esperábamos. Tu hermano Zeus no se opone, pe-ro tampoco nos defiende. – respondió Artemisa.
-Y, ¿mi sobrino Ares?
-¿Y lo preguntas, Deméter? – ironizó la bella Afrodita - Mi antiguo marido está en contra, ¡Afrodita le conoce bien!
-Me alegra que hayas venido, Hestia. – dijo Atenea a modo de saludo a la diosa del Hogar – Sé que normalmente evitas estas discusiones entre dioses.
-Me inclino antes tu sabiduría, Atenea. – respondió Hestia.
-¡Compañeras! – exclamó Deméter - ¿Notáis frío en el aire?
-¡Caronte, el barquero, llega! Sólo el que transporta las almas hacia su descanso eterno o su condena eterna… ¡puede guiarnos a nuestro destino! – lo presentó Atenea - ¡Aunque pida un precio por sus servicios!... Dale un mechón de tus cabellos, Afrodita. Incluso en las profundidades del Hades, el hechizo de tu belleza actúa con su magia.
-¿Adónde nos lleva el barquero, Atenea? – preguntó la diosa del amor.
-A una parte tan sagrada del Hades, que ni Caronte, más viejo que el mismo Estigia, ha hecho nunca este viaje… ¡pero su instinto le guiará! – los dioses subieron a la barca y Caronte los condujo hacia una extraña serie de cuevas bien iluminadas, en cuyo centro se podía apreciar un remolino de luces como pequeños cometas.
-C-conozco este lugar… - suspiró Afrodita – No he estado nunca aquí… pero lo co-nozco…
-Sí, Afrodita – respondió Atenea – es el Pozo del Renacimiento, ¡la caverna de las almas! ¡Es la fuente de la que surgió la vida! Es la matriz de Gea… ¡la madre de todos! Esas luces son las almas de las mujeres cuyas vidas fueron cortadas por la ignorancia del hombre. Gea las cuida hasta que abandonen este plano. ¡Ahora esperan su renaci-miento!
-¡Su nuevo destino empieza aquí! – continuó Artemisa – Han vagado en el limbo durante siglos… y pronto lo abandonarán. ¡Pronto cantarán la canción de la vida! – Ar-temisa abre su boca y los cielos sobre la hermosa Grecia se abren, vertiendo miles de almas de la matriz de Gea.
-Ya está… - suspiró Atenea - ¡Hemos dado vida a la nueva progenie de Gea! Ore-mos para que no nos fallen… ¡Porque el destino de hombres y dioses está en sus manos!
-Atenea espera, ¡mira! – señaló Afrodita – Aún queda un alma en el oscuro limbo. ¡Pero no es como las otras!
-Sí, Afrodita. Tiene un destino especial. – respondió Atenea – Pero aún no ha llega-do el momento. Seguidme. Tenemos mucho que hacer.

La Tierra. Un lago tranquilo burbujea con el suave aliento de la creación. Su super-ficie estalla… y la que llaman Hipólita es la primera en surgir y acariciar el cielo solea-do de Apolo. A su lado, su hermana AntÍope renace. Y a su alrededor, miles de almas reencarnadas emergen… ¡bebiendo alegres el aliento de una nueva vida!
Las aguas se agitan de nuevo, y aún más hijas renacen. Entre ellas está Menalippe, cuya unión con la naturaleza la convertirá en oráculo de la nueva raza de los dioses. Y Aella, cuyo valor es como el del halcón, aunque su corazón sea vacilante.
Pero entonces, mientras las aguas del lago de calman…
-¡HIJAS MÍAS! ¡ESCUCHADME!
Una visión las hace callar de repente: cinco diosas del Olimpo aparecen en el fir-mamento sobre una nube dorada. Artemisa es la que tiene la palabra.
-SOIS UNA RAZA ESCOGIDA, NACIDA PARA GUIAR A LA HUMANIDAD. POR VOSOTRAS, LOS HOMBRES NOS CONOCERÁN MEJOR, Y NOS ADORA-RÁN ETERNAMENTE. ¡ATENEA OS OTORGA SABIDURÍA, PARA QUE OS GUIÉIS POR LA LUZ DE LA VERDAD Y LA JUSTICIA!... ¡YO, ARTEMISA, OS OTORGO EL ARTE DE LA CAZA! ¡Y DEMÉTER FERTILIZARÁ VUESTROS CAMPOS! HESTIA OS CONSTRUIRÁ UNA CIUDAD Y CALENTARÁ VUES-TROS HOGARES. ¡Y LA DULCE AFRODITA, OS OTORGA EL GRAN DON DEL AMOR! ENCONTRARÉIS VUESTRA FUERZA EN ESTOS DONES. SON VUES-TRO DERECHO MÁS SAGRADO… ¡SON VUESTRO PODER!... TÚ, HIPPÓLITA, SERÁS LA REINA DE TODAS MIS HIJAS. ANTIOPE, GOBERNARÁS AL LADO DE TU HERMANA. ¡VIGILA QUE NUNCA SE ABUSE DE ESTOS DONES! LE-VARÉIS EL SÍMBOLO DE NUESTRA CONFIANZA: EL CINTURÓN DE GEA. ¡QUE NUNCA OS LO ARREBATEN! – dos bellos cinturones de oro puro cayeron a los pies ambas reinas - ¡AHORA ID, HIJAS MÍAS! ¡EN ADELANTE FORMARÉIS UNA SAGRADA HERMANDAD! ¡DESDE AHORA SOIS AMAZONAS! ¡Y NADIE PODRÁ RESISTIR VUESTRO PODER! – concluyó Artemisa, sin saber que en un rincón apartado del olimpo, Ares contemplaba la escena, disgustado y sediento de ven-ganza.

La Princesa y el Poder (adaptación del comic Wonder Woman de DC COMICS)


«Los dioses han muerto. Asesinados por el único Dios. Entre los hombres de los tiempos antiguos y los nuevos no habrá ya un pensamiento en común.» Ferdinan Lot.


30.000 A. C.
Hoy tu tribu te ha expulsado, se burlaron de ti… te llamaron inútil… ¡Te llamaron animal! ¡Ayer aún te llamaban hombre! Cazabas con hombres y luchabas con hombres. Eso fue antes de enfrentarte al Dientes de Sable… el que te venció… ¡el que te arrancó la mano!
Ahora, ya no eres un hombre, porque los hombres son cazadores… ¡y los cazadores, necesitan manos! Eso te asusta. Pero no debes mostrar tu miedo. Recuerda las enseñan-zas de la tribu: ¡Temer es cosa de mujeres! Así, escondes tu rostro, ocultas tu temblor. ¡Pero ella lo sabe! Y cuando te toca, cuando oyes su lastimera compasión, ¡la maldices! La alejas. ¡Pero ella insiste! Tratas de ignorarla, pero sus gemidos te provocan, te mo-lestan, te castran, ¡te obligan a golpearla! Y cuando te tranquilizas, cuando el eco de su grito ha sido llevado por el aire… ¡lo oyes! Un quejido ahogado en ella. Y una voz, co-mo de la misma tierra… susurrando… llamándola… atrayéndola… haciendo que ocurra algo… ¡algo que no entiendes! Y eso te hace gritar…