martes, 11 de enero de 2011

La Princesa y el Poder (adaptación del comic Wonder Woman de DC COMICS)




El eco de las palabras de Artemisa desaparece… y los vientos del tiempo hacen pa-sar los años. Y sobre ese viento cabalgan las voces de los poetas: ¡Escuchad! De sus bocas brotan cuentos maravillosos… historias de una ciudad gobernada únicamente por mujeres… de un lugar donde reinan la compasión y la justicia, un lugar que los poetas llaman Themyscira. El poder y la gloria de las Amazonas pronto es conocido por toda Grecia.
Pero a los reyes no les gusta esa popularidad ni tampoco ese poder, a menos que sea suyo. Los gobernantes de Grecia tienen celos de las Amazonas. Los poetas son secues-trados, sobornados y amenazados.
Ahora se narran las atrocidades de las Amazonas: asesinatos, guerras y robos. Las diosas lloran desde las alturas del Olimpo. Porque han proscrito a sus hijas, la humani-dad las considera diferentes, extrañas e incluso inhumanas. La humanidad no entiende a las Amazonas y lo que el hombre no entiende, ¡lo teme!

-Mi querido Heracles, ¿has de partir tan pronto? No suelo tener tratos con un semi-diós cada día… - suspira una Amazona, apenas cubierto su cuerpo desnudo por una cas-cada de pelo castaño.
-Mi diversión contigo no ha sido más que un pequeño respiro de las tareas que Eu-risteo me ha encargado. He de partir. Estaré contento cuando haya terminado mis traba-jos. Hera me ha infundido una locura que me quema el alma… y no se va a enfriar hasta que haya cumplido la voluntad de Euristeo. – respondió Heracles, ya comenzando a vestirse.
-Vuelve al lecho, mi héroe. Euristeo puede esperar… y la Reina de las Amazonas, no te llamará «el Perro amaestrado de Euristeo» - esas palabras, maliciosamente escogi-das, provocan la ira del hijo de Zeus.
-¡Heracles no es la mascota de nadie!
-¡Ooh! ¡Mirad como ladra y gruñe! Hippólita tenía razón… ¡estarías muy guapo con una cadena!
-¡He dicho que calles! – estalló el semidiós y sacudió a la mujer con violencia - ¡Ninguna mujer, ni hombre puede decir eso de Heracles!
-Tranquilo, amor. ¡Contente!... yo solo repito lo que he oído, lo que todos han oído de los labios de la Reina Amazona…
-Heracles, tus legiones están preparadas. – interrumpió Teseo, ingresando a la habi-tación.
-Entonces vamos, Teseo. – respondió Heracles – Ya no deseo complacer a las muje-res… ¡sólo conquistarlas! – los dos hombres se marchan, dejando a la amazona en sole-dad, riendo de manera enfermiza, mientras una voz tenebrosa y potente resuena en sus oídos.
-¡EXCELENTE, QUERIDA, EXCELENTE! ¡TUS MENTIRAS HAN PROVO-CADO SU ODIO! ¿NO ES IRÓNICO? ¡CASI RIDÍCULO! ÉL ARDE POR LA RA-BIA DE HERA… Y TU ALMA ARDE CONSUMIDA POR MI PODER… YA HAS CUMPLIDO TU DEBER… - mientras la voz hablaba, el cuerpo de la mujer sucumbía en una asombrosa e impresionante combustión espontánea – ARES ESTÁ COMPLA-CIDO. – en su refugio, el dios de la Guerra continúa con sus planes - ¡ESTÚPIDAS DIOSAS! ¿CREÍAN QUE SUS AMAZONAS PODRÍAN DETENERME? ¡HERA-CLES DIEZMARÁ SUS FILAS, Y ENTONCES NADA SE INTERPONDRÁ ENTRE EL DIOS DE LA GUERRA Y EL PODER ABSOLUTO! SÓLO NECESITO ESPE-RAR. AQUÍ, EN LA COLINA LLAMADA AREÓPAGO, NADIE - NI ZEUS – PUE-DE TOCARME. Y PUEDO CONTEMPLAR CÓMO CRECE EL DESEO DE LA GUERRA Y LA SANGRE. ¡ÓYEME ARTEMISA! ¡TUS AMAZONAS NO UNIRÁN A LOS HOMBRES CON LOS DIOSES! ¡EL HOMBRE ANSÍA LA GUERRA! ¡Y CON CADA GOTA DE SANGRE, EL HOMBRE ME FORTALECE! ¡ME RINDE CULTO! PRONTO OLVIDARÁ A LOS DEMÁS DIOSES… ¡Y ARES SERÁ SU-PREMO!

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